El regreso a la Vida hecha a mano.-


Desde un punto de vista psíquico, es bueno hacer un alto en el camino, crearse un lugar donde descansar y recuperarse tras haber escapado de una carestía alimenticia. No es demasiado tomarse uno o dos
años para examinar las propias heridas, buscar una guía, aplicar medicinas y pensar en el futuro. Uno o dos años son muy poco tiempo. La fiera es una mujer que regresa. Está aprendiendo a despertar, a prestar atención, a dejar de ser ingenua y desinformada. Asume la responsabilidad de su propia vida. Para reaprender los profundos instintos femeninos reviste vital importancia comprender ante todo de qué manera éstos fueron decomisados.

Tanto si las lesiones se infligieron al arte, las palabras, los estilos de
vida, los pensamientos o las ideas, y aunque la mujer se haya metido a sí
misma en un enredo, conviene que se abra paso a través de la maraña y
siga adelante. Más allá del deseo y del anhelo, más allá de los métodos
cuidadosamente razonados acerca de los cuales nos gusta hablar y hacer
proyectos, una simple puerta está esperando que la crucemos, Al otro lado
están los nuevos pies. Crúzala. A rastras, en caso necesario. Deja de hablar y de obsesionarte. Limítate a hacerlo.

No podemos controlar quién nos trae a este mundo. No podemos
influir en la educación que nos han dado; no podemos obligar a la cultura
a convertirse instantáneamente en hospitalaria. Pero la buena noticia es
que, incluso tras haber sido heridas, incluso en nuestro estado de fieras e
incluso cuando nos encontramos todavía en situación de cautividad,
podemos recuperar nuestra vida.
El plan psicológico del alma para regresar al propio interior es el siguiente: tomar medidas especiales de precaución y perderse poco a poco en lo salva)e, creando estructuras éticas y protectoras que nos ayuden a conseguir las herramientas necesarias para medir en qué momento algo es excesivo. (Por regla general, la mujer ya es muy sensible al momento en que algo es demasiado poco.)
  Por consiguiente, el regreso a la psique libre y salvaje tiene que
llevarse a cabo con audacia pero también con reflexión. En psicoanálisis
nos gusta subrayar que para convertirnos en sanadores/ayudantes es tan
importante aprender lo que no hay que hacer como lo que hay que hacer.
El regreso a lo salvaje desde la cautividad tiene que hacerse con las
mismas precauciones. Vamos a examinarlo con más detenimiento.
Los peligros, las trampas y los cebos envenenados que acechan a la
mujer salvaje son los propios de su cultura. Aquí he enumerado los que
son comunes a la mayoría de las culturas. Las mujeres pertenecientes a
distintas etnias y religiones tendrán percepciones específicas adicionales.
Estamos trazando en sentido simbólico el mapa de los bosques en los que
vivimos. Estamos señalando dónde habitan los depredadores y
describiendo su modus operandi. Dicen que una loba conoce todas las
criaturas de su territorio en varios kilómetros a la redonda. Este
conocimiento le permite vivir con la máxima libertad posible.
La recuperación del instinto perdido y la curación del instinto
lesionado está realmente al alcance de nuestra mano, pues éste regresa
cuando una mujer presta atención, escuchando, contemplando y
percibiendo el mundo que la rodea y actuando tal como ve actuar a las
demás mujeres; con eficiencia, eficacia y sensibilidad. La ocasión de
observar el comportamiento de las restantes mujeres que conservan los
instintos intactos es esencial para recobrar el instinto. Al final, el hecho de
prestar atención, observar y comportarse de una manera integral se
convierte en una pauta con un ritmo determinado que se practica y se
aprende hasta que vuelve a convertirse en automática.


Si nuestra naturaleza salvaje ha sido herida por algo o por alguien,
nos negarnos a echarnos al suelo y morir. Nos negamos a normalizar esta
herida. Recurrimos a nuestros instintos y hacemos lo que hay que hacer.
La mujer salvaje es por naturaleza vehemente y talentosa. Pero, como
consecuencia de su alejamiento de los instintos, es también ingenua, está
acostumbrada a la violencia y acepta sumisamente la expatriación y la
exmatriación. Los amantes, las drogas, la bebida, el dinero, la fama y el
poder no pueden reparar demasiado el daño que ha sufrido. Pero sí puede
hacerlo un gradual regreso a la vida instintiva. Para ello, una mujer
necesita a una madre, una madre salvaje “suficientemente buena”. ¿Y a
que no saben quién está esperando convertirse en esta madre? La Mujer
Salvaje se pregunta por qué razón la mujer tarda tanto en estar con ella,
no simplemente algunas veces o cuando le interesa sino de manera
habitual.
Si te esfuerzas en hacer algo que merezca la pena, es importante que
te rodees de personas que apoyen inequívocamente tu labor. El hecho de
tener presuntas amigas que sufren las mismas heridas pero no
experimentan el sincero deseo de curarse es una trampa y un veneno. Esta
clase de amigas suele animar a las demás a comportarse de manera
escandalosa fuera de sus ciclos naturales y sin la menor sincronía con las
necesidades de sus almas.
Una mujer fiera no puede permitirse el lujo de ser ingenua. Durante
su regreso a la vida innata tiene que contemplar los excesos con
escepticismo y ser muy conciente del precio que éstos suponen para el
alma, la psique y el instinto. Como los lobeznos, nosotras nos aprendemos
de memoria las trampas, cómo están hechas y cómo están colocadas. De
esta manera conservamos la libertad. De todos modos, los instintos
perdidos no retroceden sin dejar rastros y ecos de sentimiento que
nosotras podemos seguir para recuperarlos. Aunque una mujer se sienta
oprimida por el puño de terciopelo de la corrección y la severidad, tanto si
se encuentra a un paso de la destrucción a causa de los excesos como si
acaba de sumergirse en ellos, aún puede oír los susurros del dios salvaje
que lleva en la sangre. Incluso en las graves circunstancias que se
describen en “Las zapatillas rojas”, los instintos heridos se pueden curar.
Para enderezar todas estas situaciones, resucitamos una y otra vez
la naturaleza salvaje y cada vez el equilibrio se desplaza excesivamente en
una o en otra dirección. Ya adivinaremos cuándo existen motivo, de
preocupación, pues, por regla general, el equilibrio ensancha nuestras
vidas mientras que el desequilibrio las empequeñece.
Una de las cosas más importantes que podemos hacer es entender la
vida, cualquier manifestación de vida, como un cuerpo viviente en sí
mismo, que respira, renueva sus células, cambia de piel y se desembaraza
de los materiales de desecho. Sería una estupidez pensar que nuestros
cuerpos no producen materiales de desecho más de una vez cada cinco
años.
Sería necio creer que, por el hecho de haber comido hoy, mañana no
estaremos hambrientos.
Y también sería estúpido creer que, una vez resuelta una cuestión,
la habremos resuelto definitivamente, y, una vez aprendida una cosa,
siempre seremos concientes de ella. No, la vida es un gran cuerpo que
crece y disminuye en distintas zonas y a distintos ritmos. Cuando nos
comportamos como el cuerpo, trabajando con vistas al nuevo desarrollo,
abriéndonos paso entre la mierda, respirando o descansando, estamos
muy vivas y nos encontramos en el interior de los ciclos de la Mujer
Salvaje. Si consiguiéramos comprender que nuestra tarea consiste en
seguir realizando la tarea, nos sentiríamos mucho más orgullosas y
estaríamos mucho más tranquilas.
Es posible que, a veces, para conservar la alegría tengamos que
luchar por ella, renovar nuestras fuerzas y combatir a tope en la forma que
consideremos más sagaz. Para preparar el asedio puede que tengamos que
prescindir de las comodidades durante algún tiempo, Podemos pasarnos
sin la mayoría de las cosas durante prolongados períodos de tiempo,
podemos prescindir prácticamente de todo menos de nuestra alegría, de
nuestras zapatillas hechas a mano.
El verdadero milagro de la individuación y la recuperación de la
Mujer Salvaje consiste en que todas iniciamos el proceso sin estar todavía
preparadas, sin haber cobrado la suficiente fuerza y sin saber 1 ‘o
suficiente; iniciamos un diálogo con los pensamientos y los sentimientos
que nos cosquillean y retumban como truenos en nuestro interior.
Contestamos sin haber aprendido el lenguaje y sin conocer todas las
respuestas, sin saber exactamente con quién estamos hablando.
Pero, como la loba que enseña a sus crías a cazar y a cuidar de sí
mismas, la Mujer Salvaje brota en nuestro interior y nosotras empezamos
a hablar con su voz y asumimos su visión y sus valores. Ella nos enseña a
enviar el mensaje de nuestro regreso a las que son como nosotras.
Conozco a varias escritoras que tienen grabada esta leyenda sobre
su escritorio. Una de ellas la lleva doblada dentro del zapato. Pertenece a
un poema de Charles Simic y es la información más útil que se nos puede
dar a todas: “El que no sabe aullar no encontrará su manada.”
Si deseas recuperar a la Mujer Salvaje, no permitas que te capturen

 Con los instintos bien aguzados para no perder el equilibrio, salta
donde quieras, aúlla a tu gusto, toma lo que haya, averigua todo lo que
puedas, examínalo todo, contempla lo que puedas ver. Baila con zapatillas
rojas pero cerciórate de que son las que tú has hecho a mano.

Te aseguro que te convertirás en una mujer rebosante de vitalidad.

-Mujeres que corren con lobos-

Clarissa Pínkola

compartido por la loba colorá para; el bosque de las lobas

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Acerca de Medina Loba Colorá

#MujeresQueCorrenConLobos #Aulli2
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9 respuestas a El regreso a la Vida hecha a mano.-

  1. kalua dijo:

    absolutamente fascinante

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  2. sandra dijo:

    aaauuuuuuu

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  3. sandra dijo:

    recien encuentro esta pagina y cuando leo lo publicado siento como mi interior se potencia

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  4. orianna dijo:

    , la Mujer Salvaje brota en nuestro interior y nosotras empezamos
    a hablar con su voz y asumimos su visión y sus valores. Ella nos enseña a
    enviar el mensaje de nuestro regreso a las que son como nosotras.
    Una loba regresando a la manada!
    HANNA.

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  5. Soy mujer luchadora, pacifica y pacifista. Esas son mis zapatillas hechas a mano por mi.
    Creo que las mujeres debemos y podemos hacer mucho desde nuestro entorno y llevarlo al mundo, pero también es cierto o al menos es lo que yo intuyo, que para ello debemos reunirnos, cambiar impresiones y conocimientos.
    Mis estudios académicos son muy pocos, solo tengo el certificado de escolaridad.
    He salido también muy poco, con lo cual la jerga lingüística de la calle casi me es desconocida, de ahí que a veces sea o parezca ingenua, por ello a veces he sido tratada como si no fuese nadie, pero también por eso he sacado mis uñas y me he defendido.
    Desde que llegue a esta manada y he comenzado a leer el libro de Clarissa, del que en muchas ocasiones me a tocado volver a releer unas tres o cuatro veces algún párrafo hasta que he pillado el concepto, me he encontrado como en casa.
    Gracias Loba Colora por darme la bienvenida.
    Estamos aquí para avanzar ¡!! Un abrazo ❤

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  6. Roxana dijo:

    He leído el libro hace 2 años, dos veces.
    Mas la lectura de esta nota me ha emocionado profundamente.Gracias desde lo mas profundo de mi alma!

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