La piel del Alma


 

¡Quédate sin Vida, quédate sin techo, quédate sin nada!

pero

¡No te quedes sin el Alma!

 

 Cualquier mujer que permanezca demasiado tiempo alejada de su hogar espiritual, se cansa. Tal como debe ser.

Entonces busca de nuevo su piel para recuperar el sentido del yo y del alma y restaurar su perspicaz y oceánica sabiduría.

Este gran ciclo de ir y volver, ir y volver, posee en el interior de la naturaleza instintiva femenina un carácter reflejo

 y es innato en todas las mujeres a lo largo de toda la vida, desde la infancia, la adolescencia y la edad adulta,

pasando por el amor, la maternidad, el arte y la sabiduría hasta llegar a la vejez y más allá de ésta.

Estas fases no tienen por qué ser necesariamente cronológicas, pues muchas veces las mujeres de mediana edad son unas recién nacidas,

las ancianas son unas amantes apasionadas y las niñas pequeñas saben muchas cosas acerca de los encantamientos de las brujas.

Una y otra vez perdernos esta sensación de encontrarnos por entero en nuestra piel por los motivos ya mencionados

y también a causa de un prolongado cautiverio. Las que se esfuerzan demasiado y sin el menor descanso también corren peligro.

La piel del alma se desvanece cuando no prestamos atención a lo que estamos haciendo y, sobre todo, a lo que ello nos cuesta.

Perdemos la piel del alma cuando nos dejamos arrastrar demasiado por el ego, cuando somos demasiado exigentes y perfeccionistas’,

cuando nos dejamos martirizar innecesariamente, nos dejamos arrastrar por la ciega ambición, nos sentimos insatisfechas

—a causa de nuestro yo, de la familia, de la comunidad, la cultura, el mundo— y no decimos ni hacemos nada al respecto,

cuando fingimos ser una fuente inagotable para los demás o cuando no hacemos todo lo que podemos para ayudarnos.

Hay tantas maneras de perder la piel del alma como mujeres hay en el mundo.

El único medio de conservar esta esencial piel del alma consiste en mantener una exquisita y prístina conciencia de su valor y su utilidad.

Pero, puesto que nadie puede mantener constantemente una profunda conciencia,

nadie puede conservar por entero la piel del alma a cada momento del día y de la noche.

Sin embargo, podemos cuidar de que nos la roben lo menos posible.

 Podernos desarrollar aquel ojo agudo que vigila las condiciones que nos rodean y defiende nuestro territorio psíquico

Clarissa Pínkola

Mujeres que corren con lobos.

Compartido por la loba solitaria

para; http://www.facebook.com/pages/Mujeres-que-corren-con-lobos/491880125646

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